SÍNTESIS DE LA ESPAÑA PRIMITIVA

 

Sintesis de La España Primitiva

Antes de la conquista romana, la Península Ibérica estaba habitada por pueblos autóctonos ya influenciados por fenicios, cartagineses y griegos. Pueblos con un idioma común, precursor del vasco actual, se ubicaban a ambos lados del Pirineo. La cultura íbera, de probable origen norteafricano, se extendía por Levante, mientras que la baja Andalucía y el sur de Portugal albergaban a los tartesios. Fenicios y griegos compitieron por el dominio en la región tartesia, con los cartagineses finalmente predominando y fundando Cádiz, Málaga y Cartagena. Los griegos, tras ser desplazados, se establecieron en Levante. Los celtas, llegados desde el sur de Alemania, se asentaron en el noroeste y, mezclándose con los íberos, formaron el grupo Celtíbero en el centro de España, mientras que celtas e íberos dominaban en el norte y sur, respectivamente. Estos pueblos no formaron un estado unificado y mantuvieron costumbres e instituciones distintas. La cultura de la región fue profundamente influenciada por fenicios, griegos y cartagineses, marcando diferencias entre los pobladores sudorientales y los del interior. La influencia fenicia potenció la industria y el comercio, mientras que la griega enriqueció cultural y artísticamente, contribuyendo al florecimiento del arte ibérico.

 

La Conquista Romana de España

La historia de España como parte del Imperio Romano comenzó tras la conquista romana, marcada por la expansión marítima romana y las Guerras Púnicas contra Cartago. Tras estas guerras, los romanos dividieron España en Citerior y Ulterior, iniciando una conquista de esta última que duró dos siglos, hasta su pacificación definitiva en el 19 a.C. La conquista se realizó gradualmente, empezando por Emporion en el 218 a.C. y expandiéndose a Tarragona, Sagunto, Cartagena, Cádiz, Pamplona, Lusitania, y finalmente Galicia y Asturias. La influencia romana introdujo conceptos de ley, ciudadanía, administración, y derecho, y facilitó avances en obras públicas y educación. España rápidamente se latinizó, adoptando costumbres, lengua, y derecho romano, lo que promovió la unificación política y jurídica, además de adelantos materiales y la difusión del cristianismo. La imposición del latín, que se difundió sin coacciones, condujo a un periodo de bilingüismo hasta la completa latinización. El latín vulgar, hablado por el pueblo, derivó en las lenguas romances. La romanización unificó los pueblos iberos y propició el surgimiento de figuras de renombre en diversos campos.

 

Decadencia del Imperio Romano - Los Pueblos Germánicos

Bajo Trajano en 107 d.C., el Imperio Romano alcanzó su máxima expansión, seguido de una profunda romanización y simultánea descentralización política y económica, debilitando el prestigio de Italia y Roma. La ciudadanía romana se extendió, y los extranjeros se integraron en las legiones. Las provincias, especialmente Hispania y Galia, se volvieron económicamente dominantes. La descentralización se consolidó cuando Caracalla otorgó ciudadanía romana universal en 212 d.C. La pérdida de Dacia en 257 d.C. y las presiones germanas evidenciaron la inadecuación de una administración única, llevando a Diocleciano a compartir el imperio con Maximiano. Constantino intentó restaurar la unidad imperial y promovió la división al elevar a Bizancio. En 392, Teodosio dividió el Imperio entre sus hijos, dejando Oriente a Arcadio y Occidente a Honorio. Occidente cayó ante los germanos en 476, marcando la caída del Imperio, influenciada por la decadencia social, moral y cultural romana. La germanización del Occidente fue gradual, inicialmente pacífica, con germanos uniéndose a las legiones y estableciéndose como colonos, antes de pasar a una conquista militar directa.

 

Formación de las lenguas romance

Durante el poderío del Imperio Romano, prevaleció una unidad lingüística con el latín vulgar. Esta unidad se desmoronó con las invasiones bárbaras del siglo V, que fragmentaron la unidad política y cultural, llevando a la pérdida de contacto entre provincias debido al abandono de caminos y diferencias entre los conquistadores: Ostrogodos en Italia, Francos en Galia, Anglos y sajones en Gran Bretaña, Visigodos en la Península Ibérica (sometiendo a Suevos, Silingos, Alanos y Vándalos), y Vándalos y Silingos en el norte de África. La diversidad de lenguas y la cultura inferior de los conquistadores no suplantaron al latín vulgar, que siguió hablándose. Con el tiempo, la falta de comunicaciones intensificó las diferencias lingüísticas regionales, derivando en la formación de las lenguas romances o neolatinas de una única lengua madre: rumano en Dacia, dalmático en Dalmacia, retorromano en Retia, italiano en Italia, sardo en Cerdeña, francés y provenzal en Galia, y portugués, catalán y castellano en Hispania. Todas derivan del latín vulgar, no del literario.

 

Los Visigodos en España

La invasión de alanos, suevos, silingos y vándalos otorgó el control de España a los bárbaros, hasta la llegada de los visigodos en 414, liderados por Ataulfo, quienes se asentaron en Barcelona y desplazaron a los anteriores ocupantes. La capital visigoda se estableció en Toledo tras ser expulsados del sur de la Galia por los francos. Los visigodos, ya romanizados y cristianos arrianos, encontraron resistencia religiosa de los hispanorromanos católicos, dificultando su fusión. Leovigildo intentó unificar España bajo el arrianismo, pero fue su hijo Recaredo quien, al convertirse al catolicismo en 537, facilitó la integración de ambos pueblos.

 

Los reinos bárbaros, caracterizados por su escasa base política y liderazgo electivo, no lograron germanizar España, manteniéndose la romanización y limitando la influencia lingüística y cultural visigoda. La monarquía visigoda, a pesar de su decadencia y la amenaza islámica, contribuyó con elementos germánicos a la cultura hispánica, pero enfrentó problemas internos y luchas por el poder, culminando en el reinado de Rodrigo, cuyo derrocamiento fue apoyado por los nobles a través de la ayuda árabe.

 

La Influencia Islámica

La influencia islámica en España comenzó con los intentos de invasión de los árabes, asentados en el norte de África. Después de que el rey Witiza fuera destituido y asesinado por Rodrigo, los hijos del monarca desplazado buscaron ayuda árabe para recuperar el trono, con la colaboración del conde Julián. La invasión se facilitó por una venganza personal de Julián hacia Rodrigo, lo que llevó a la derrota y muerte de Rodrigo en la batalla del río Guadalete. Los musulmanes, liderados por Tarik, no tardaron en dominar la península, impulsando a los cristianos a refugiarse en el noroeste. A pesar de la conquista, los invasores mostraron tolerancia hacia los hispanorromanos y visigodos, permitiendo la convivencia y el mantenimiento del cristianismo bajo un tributo. Esta dinámica dividió culturalmente al territorio en un sur islámico y un norte cristiano, aunque ambos grupos compartían espacios y prácticas.

 

La llegada de los árabes no solo fue una invasión militar, sino también una influencia cultural significativa, especialmente en el léxico español, con un veinte por ciento de vocablos castellanos de origen árabe. Aunque no impusieron su lengua, enriquecieron diversos aspectos de la cultura, como la arquitectura, la ciencia y la literatura, con notables contribuciones en cada campo. Los árabes y los judíos ocuparon roles importantes en la sociedad, como médicos, augures y banqueros. En la literatura, su afición por los relatos fantásticos enriqueció el acervo cultural con obras como "Las mil noches y una noche". Averroes, nacido en Córdoba, fue una de las grandes figuras de la filosofía islámica. La convivencia y las contribuciones de los musulmanes en España dejaron un legado duradero en la cultura, la ciencia y la arquitectura.

 

La Reconquista de España

La Reconquista de España comienza en el norte con Pelayo, quien tras vencer en Covadonga en 718, funda el reino de Asturias, precursor del de León. Castilla emerge en el siglo VIII como entidad administrativa, transformándose en reino con Fernando I en 1035. Zonas montañosas del noreste nunca totalmente dominadas por musulmanes originan los reinos de Navarra y Aragón, y el condado de Barcelona en Cataluña. La desintegración del Califato de Córdoba en Taifas facilita la Reconquista. Fernando I divide sus dominios entre sus hijos; tras conflictos y la muerte de Sancho, Alfonso VI se convierte en rey de Castilla y León, destacando por tomar Toledo en 1085. Alfonso VIII clave en la batalla de Navas de Tolosa en 1212, abriendo paso a la conquista de Andalucía. Siglo XIII ve avances significativos en la Reconquista por Fernando III y Jaime I, dejando solo a Granada bajo musulmanes. La península se divide en Castilla, Aragón, Navarra, y Portugal. Alfonso X el Sabio, sucede a Fernando III, notable por su aporte cultural y la relevancia de Toledo como centro de estudio. Los reyes cristianos promovieron la repoblación de territorios reconquistados para asegurar su control.

 

Triunfo del Castellano

El castellano, de entre todas las lenguas romances ibéricas, logró emerger como heredero de la misión unificadora e imperial de Roma, hablado en Castilla, el reino que desde el norte avanzaba libertador y guerrero triunfal. Menéndez Pidal lo describe como "lengua de mundo, oración y su plenitud poesía", imponiéndose sobre otros dialectos hasta alcanzar una posición unificadora con la unión de Castilla y Aragón, y definitivamente con la expulsión de los árabes de Granada en 1492 por los Reyes Católicos, momento en que Castilla entrega al mundo la lengua oficial española.

 

Los primeros textos lingüísticos datan del siglo X, siendo glosas o anotaciones marginales encontradas en códices de escuelas monacales de San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de Silos, denominadas Glosas Emilianenses y Silenses. Estos textos revelan un castellano aún cercano al latín. Con el declive del latín como lengua hablada y su conversión en lengua litúrgica de la Iglesia, el latín español se intensificó en rasgos ibéricos, con incorporaciones de arabismos y galicismos. En el siglo XIV, el castellano comenzó a adquirir conciencia unitaria, alejándose del latín eclesiástico y buscando la riqueza de la Antigüedad.

 

La evolución del castellano experimentó una influencia cultista, contraponiéndose al latín medieval del clérigo. Surgen humanistas en cortes principescas que traducen obras clásicas, buscando elevar la lengua vulgar a clásica. Esta tendencia culmina con la reacción en la corte de los Reyes Católicos, presidida por Antonio de Nebrija, quien, siendo un humanista, supo nacionalizar la lengua desde Salamanca. La obra "La Celestina" refleja este equilibrio entre lo antiguo y lo moderno, entre cultismo y popularismo.

 

En torno a 1492, el castellano encuentra su fórmula de unidad y expansión, afirmándose en lo popular dentro de un marco idealista y normativo. Antonio de Nebrija presenta la primera gramática española a la Reina Isabel en 1492, argumentando la necesidad de imponer la lengua española sobre pueblos conquistados. Bajo Carlos I y Felipe II, el castellano se transforma de lengua de unidad nacional a lengua imperial. En el siglo XVI se fija la fonética del castellano tal como se habla hoy.

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